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Las Enfermedades Poco Frecuentes, conocidas como EPOF, son aquellas que afectan a una proporción reducida de la población. En términos generales, se considera poco frecuente a una enfermedad que impacta en menos de una persona cada 2.000 habitantes. Sin embargo, cuando se observan en conjunto, estas patologías representan una realidad mucho más amplia de lo que suele imaginarse.

A nivel mundial existen miles de enfermedades poco frecuentes identificadas, y se estima que entre el 6% y el 8% de la población convive con alguna de ellas. En Argentina, esa cifra se traduce en millones de personas que atraviesan esta situación, muchas veces sin un diagnóstico oportuno ni un acompañamiento adecuado durante largos períodos de su vida.


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Las EPOF incluyen enfermedades de origen genético, metabólico, autoinmune o infeccioso. La mayoría son crónicas, progresivas y complejas. Un alto porcentaje tiene base genética y, en numerosos casos, se manifiestan durante la infancia. Esto implica que niños, niñas y sus familias deban enfrentar recorridos prolongados dentro del sistema de salud, con múltiples consultas y estudios antes de obtener respuestas claras.

Uno de los mayores desafíos asociados a estas patologías es la demora en el diagnóstico. Este proceso, conocido como “odisea diagnóstica”, puede extenderse entre cinco y diez años. Durante ese tiempo, muchas personas reciben diagnósticos erróneos o parciales, lo que retrasa el acceso a tratamientos, controles o acompañamiento adecuado. Esta situación impacta no solo en la salud física, sino también en la vida cotidiana, emocional, educativa y laboral de quienes conviven con una EPOF.

Las dificultades no se limitan al diagnóstico. La baja prevalencia de estas enfermedades hace que existan desigualdades en el acceso a estudios, terapias y centros especializados, especialmente fuera de los grandes centros urbanos. En muchos casos, las familias deben reorganizar su vida diaria para sostener cuidados constantes, con consecuencias directas en el trabajo, la escolaridad y la economía del hogar.

 

 

En Argentina, existe un marco legal que reconoce a las enfermedades poco frecuentes y establece derechos vinculados al cuidado integral de la salud. Esta normativa contempla la elaboración y actualización de un listado oficial de EPOF, así como la creación de programas y registros destinados a mejorar la atención, el seguimiento y la calidad de vida de las personas afectadas. Aun así, la implementación de estas políticas presenta desafíos, con diferencias entre regiones y niveles de acceso.

El impacto de una enfermedad poco frecuente trasciende lo médico. La incertidumbre frente al sistema de salud, el acceso limitado a información clara y la dificultad para obtener respuestas rápidas generan un fuerte desgaste emocional. En muchos casos, quienes conviven con estas patologías enfrentan aislamiento social y obstáculos para su inclusión plena en ámbitos educativos y laborales.

El Día de las Enfermedades Poco Frecuentes busca justamente poner en agenda esta realidad. No se trata solo de cifras o estadísticas, sino de personas y familias que transitan diagnósticos complejos, tratamientos prolongados y recorridos que no siempre encajan en los parámetros habituales del sistema.

Cada 28 de febrero funciona como una oportunidad para visibilizar estas enfermedades, promover el acceso a derechos y reforzar la importancia de contar con políticas públicas sostenidas, información accesible y un abordaje integral que contemple la salud, el acompañamiento y la inclusión social de quienes viven con una enfermedad poco frecuente.

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