EL DÍA INTERNACIONAL DEL SÍNDROME DE ASPERGER: COMPRENDER, ACOMPAÑAR E INCLUIR DESDE EL CONOCIMIENTO
Cada 18 de febrero se conmemora el Día Internacional del Síndrome de Asperger. En este marco, la licenciada en Psicología Paola Pereyra aporta una mirada profesional, clara y cercana sobre esta condición del neurodesarrollo, su abordaje actual y la importancia de la detección temprana y el acompañamiento adecuado en cada etapa de la vida.
El Síndrome de Asperger forma parte de lo que hoy se denomina Trastorno del Espectro Autista (TEA), una condición del neurodesarrollo que implica una forma particular de procesar la información, los estímulos sensoriales y las relaciones sociales. En la actualidad, ya no se lo define como una entidad aislada, sino dentro de un espectro amplio y diverso, donde cada persona presenta características propias y singulares.
Según explica Paola Pereyra, se trata de una condición en la que el cerebro funciona de manera diferente, no peor, y que no debe entenderse como una enfermedad ni como algo que tenga “cura”. Las personas dentro del espectro suelen presentar particularidades en la comunicación social, en la interpretación de gestos, ironías o dobles sentidos, así como también una marcada necesidad de previsibilidad, rutinas claras y anticipación de los acontecimientos cotidianos.
UNITE AL CANAL DE DIFUSIÓN DE NOTICIAS MÁS GRANDE DE LA RAGIÓN HACIENDO CLICK AQUÍ
Entre las manifestaciones más frecuentes se encuentra la hipersensibilidad sensorial. Esto puede expresarse como una reacción intensa frente a ruidos, luces, multitudes o determinadas texturas. En la infancia, por ejemplo, es común observar selectividad alimentaria vinculada a la textura de los alimentos, más que al sabor en sí. También puede aparecer una necesidad marcada de mantener rutinas estables, ya que la previsibilidad brinda seguridad y reduce la ansiedad frente a lo inesperado.
Otra característica habitual es la presencia de intereses muy específicos e intensos. Las personas con Asperger suelen profundizar de manera detallada en temas puntuales que captan su atención, investigándolos y desarrollándolos con gran dedicación. Este rasgo, muchas veces malinterpretado, forma parte de su manera de comprender el mundo y puede convertirse en una fortaleza cuando se les brinda espacio y escucha.

Paola Pereyra destaca que estas personas suelen desear la aceptación social y el vínculo con otros, pero encuentran dificultades para comprender ciertos códigos sociales implícitos. Esto puede generar situaciones de incomprensión, angustia o estrés, especialmente cuando no cuentan con un acompañamiento adecuado. Por este motivo, la detección temprana y el acceso a equipos profesionales interdisciplinarios resultan fundamentales.
La condición puede detectarse en distintas etapas de la vida. En la infancia, algunas señales pueden ser el retraimiento, la impulsividad, la dificultad para regular emociones o conductas, o la hipersensibilidad sensorial. En la adolescencia, suele manifestarse con mayor intensidad la ansiedad social, el malestar en contextos grupales o la dificultad para integrarse. En muchos casos, el diagnóstico llega recién en la adultez, luego de años de sentir que “algo no encaja”. Para muchas personas adultas, ponerle nombre a lo que les sucede representa un alivio y una forma de comprender su propia historia.

El primer paso ante la sospecha es la consulta con profesionales especializados. El abordaje suele realizarse desde equipos interdisciplinarios integrados por psicólogos, psicopedagogos, fonoaudiólogos, psicomotricistas, kinesiólogos y otros especialistas, que trabajan de manera conjunta según las necesidades de cada persona. Contar con un diagnóstico y, cuando corresponde, con un certificado de discapacidad, no implica una etiqueta permanente, sino una herramienta para acceder a apoyos y recursos que faciliten el desarrollo personal, educativo y social.
En el ámbito educativo, el desafío continúa siendo la inclusión real. Las aulas con gran cantidad de alumnos, los ruidos intensos y la falta de adaptaciones pueden resultar abrumadoras para niños y niñas dentro del espectro. La observación atenta por parte de docentes y directivos es clave para evitar interpretaciones erróneas de conductas que muchas veces responden a una condición del neurodesarrollo y no a problemas de conducta. La formación, el acompañamiento y las herramientas adecuadas para el entorno escolar son parte esencial del camino hacia una inclusión efectiva.
El Día Internacional del Síndrome de Asperger busca visibilizar estas realidades, promover el conocimiento y reforzar la importancia de una sociedad que se adapte a la diversidad de las personas. Informar, acompañar y comprender son pilares fundamentales para garantizar que niños, adolescentes y adultos dentro del espectro puedan desarrollarse plenamente en todos los ámbitos de la vida.
Lucas Fallocco Carranza
Comentarios
Deja tu comentario